¡Dichosos niños!

Libertades

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Nos encontramos, creo que se puede afirmar sin ningún género de duda, ante unas elecciones generales históricas en España. Históricas porque hemos sufrido durante ocho años uno de los gobiernos más corruptos, inútiles y amorales que hayan mancillado la faz de la tierra, con intentos de amenazas de muerte a jueces, una manipulación constante que sobrepasa el insulto a la inteligencia, una ideologización interesada y destructiva y unas muestras de hipocresía sin recato que han enardecido a fachas y a rojos.

Y en medio de esto, aparecen unos niños incómodos e insoportables que pocos queremos mirar. Me refiero por supuesto a los más de cien mil abortos voluntarios que se realizan al año en España (algunos años un poco menos, otros años algo más).

Y me encuentro con que el miedo a otro gobierno sanchista está teniendo un efecto devastador en la moral católica, que parece que ha olvidado de lo que estamos hablando. Pero ¿de qué estamos hablando exactamente?

Hablamos de una confrontación inherente al ser humano que no es más que la tendencia natural que tenemos a la autonomía moral, es decir, al pecado original. Es decir, a decidir, cada uno con su conciencia, lo que es bueno y lo que es malo. Esto, frente a la experiencia de Cristo, a la revelación y a la tradición y doctrina de la Iglesia católica, que nos empujan a pensar que no somos nosotros quienes decidimos, sino que es Dios quien ya ha decidido qué es bueno y qué es malo.

Entonces cabe preguntarse (otra vez): ¿Es el aborto algo malo en sí mismo?

Para responder a esto debemos responder a otra pregunta antes: ¿Qué es exactamente un aborto?

La SEGO define aborto como «la expulsión o extracción de su madre de un embrión o de un feto de menos de 500 g de peso (peso que se alcanza aproximadamente a las 22 semanas completas de embarazo) o de otro producto de la gestación de cualquier peso o edad gestacional pero que sea absolutamente no viable (p. ej., huevos no embrionados, mola hidatidiforme, etc.), independientemente de si hay o no evidencia de vida o si el aborto fue espontáneo o provocado». (Declaración de la Comisión de Bioética de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia sobre la interrupción legal del embarazo)

La definición es como poco ineficaz, por ser autorreferencial (Se define aborto como…independientemente de si […] el aborto fue espontáneo o provocado). Pero aceptemos pulpo como animal de compañía. Una cosa sí deja clara: “[…] extracción de su madre…”. Es decir, que dicho embrión o feto (en función de la etapa del desarrollo embrionario en la que se encuentre) es hijo. Es una persona. Y una persona viva. En desarrollo, pero viva. También continuamos en desarrollo hasta los veintiún años aproximadamente, en que dejamos de crecer, por ejemplo.

De que el embrión humano es, en efecto, humano, la biología no tiene ninguna duda. Tampoco la tiene la Iglesia, ni la hemos tenido los católicos como conjunto nunca.

El aborto directo y provocado, entonces, no solamente es malo, sino que es un asesinato. Se ponga de acuerdo quien se ponga de acuerdo.

¿A dónde quiero llegar con esto?

A que las opciones políticas que se nos presentan no son nada fáciles, pero una cosa es clara: Hay partidos que, activamente, favorecen y promueven el aborto y otros que no.

Entre los que promueven el aborto se encuentra el Partido Popular:

El dirigente del PP ha asegurado que «acatará» el fallo del Tribunal Constitución respecto al aborto del embarazo. «Lo he firmado, creo que fue en enero de 2025, está en las redes sociales, y acato por supuesto esa sentencia y las mujeres en mi país tendrán los mejores servicios sanitarios cuando quieran ejercer la interrupción voluntaria del embarazo» (Infobae, 27 de octubre de 2026, artículo sobre las declaraciones de Alberto Núñez Feijóo para Onda Cero)

Hacer negocio político con el asesinato, utilizando como justificación una mejora económica, social o del tipo que sea es inmoral. Se ponga de acuerdo quien se ponga de acuerdo.

Pero ¡¿y qué hacemos?!

Lo que debemos hacer es dejar de plantearnos la vida como niños de cinco años. Los católicos debemos dejar de buscar un ambiente favorecedor en el que todo sea un camino de rosas, y enfrentarnos a las decisiones complejas y duras que nos exige nuestro tiempo. Como ya dije en un artículo anterior, la sociedad nos está pidiendo la vida, que entreguemos nuestra vida por ella como Cristo la entregó por nosotros. Pero, desde luego, debemos mantenernos fieles a la Iglesia, que es, con todas sus imperfecciones, santa. Si en España la feligresía ha caído en la trampa de pensar que la obediencia a la Iglesia es una cosa optativa según sople el viento o considere cada uno con su autonomía moral, es que la feligresía española es profundamente infantil.

Es evidente que ningún partido político en España representa a un católico de manera integral, pero el asesinato de niños no nacidos debería ser, junto con el suicidio asistido, la primera línea roja.  El asesinato de niños no es un mal menor. ¿O es que nos hemos vuelto completamente locos?

Quizás el Partido Popular debería plantearse a quién representa. A mí no me representa nadie que acepte matar a un niño como solución a un problema. No me importa en qué estado de desarrollo se encuentre ese niño.

¿Y a usted?

PD.: Si aún tiene usted dudas, querido lector, y le rechina la palabra “asesinato”, le animo a que visite esta página web. Es una asociación dedicada a ofrecer a las madres otra alternativa al aborto, con ayuda económica, psicológica, de vivienda, etc. Visite la sección “Vídeos Aborto”, si su estómago es tan grande como su cinismo y si está usted dispuesto, realmente, a ver la realidad que ningún partido político quiere que vea.

https://rescatadores.live

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