¿Es moral el uso de la vacuna contra el Covid-19?: la Santa Sede se manifiesta

la vacuna contra el Covid-19

La vacuna contra el Covid-19 ya está aquí. Sin embargo, diferentes voces han denunciado que para el desarrollo de algunas de las más de 100 vacunas que se están desarrollando en el mundo usan tejidos de fetos abortados. 

Es por eso que la Congregación para la Doctrina de la Fe ha publicado una nota sobre si es ético o no el uso de esas vacunas, así lo señaló como señaló el pasado 12 de junio la revista Science en el artículo ‘Las vacunas que usan células fetales humanas fuertemente criticadas’.

En ese sentido, se manifestó el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, reflexionando desde una perspectiva bioética sobre el enfoque que se le está dando a algunas investigaciones de la vacuna contra el Covid-19.

Estas declaraciones provocaron una polémica estéril sobre las contrastadas manifestaciones del prelado, que se intentaron hacer pasar por peregrinas cuando la ciencia las avalaba.

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Ahora, el Prefecto Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Luis Ladaria ha publicado una nota en la que identifica que “la cuestión sobre el uso de las vacunas, en general, suele estar en el centro de insistentes debates en la opinión pública” y, como consecuencia, “se han producido diversas declaraciones en los medios de comunicación por parte de Obispos, Asociaciones Católicas y Expertos, diferentes entre sí y a veces contradictorias, que también han planteado dudas sobre la moralidad del uso de estas vacunas”.

Es por eso que recuerda que, como se afirma en la Instrucción Dignitas Personae, “en los casos en los que se utilicen células de fetos abortados para crear líneas celulares para su uso en la investigación científica, “existen diferentes grados de responsabilidad” en la cooperación al mal. Por ejemplo, “en las empresas que utilizan líneas celulares de origen ilícito no es idéntica la responsabilidad de quienes deciden la orientación de la producción y la de aquellos que no tienen poder de decisión”“.

En este sentido -prosigue-, cuando no esté disponible la vacuna contra el Covid-19 “éticamente irreprochables” (por ejemplo, en países en los que no se ponen a disposición de médicos y pacientes vacunas sin problemas éticos o en los que su distribución es más difícil debido a las condiciones especiales de almacenamiento y transporte, o cuando se distribuyen varios tipos de vacunas en el mismo país pero, por parte de las autoridades sanitarias, no se permite a los ciudadanos elegir la vacuna que se va a inocular) “es moralmente aceptable utilizar las vacunas contra la Covid-19 que han utilizado líneas celulares de fetos abortados en su proceso de investigación y producción”.

La razón fundamental para considerar moralmente lícito el uso de estas vacunas, según el cardenal Landaria “es que el tipo de cooperación al mal (cooperación material pasiva) del aborto provocado del que proceden estas mismas líneas celulares, por parte quienes utilizan las vacunas resultantes, es remota”.

“El deber moral de evitar esa cooperación material pasiva -prosigue- no es vinculante si existe un peligro grave, como la propagación, por lo demás incontenible, de un agente patógeno grave: en este caso, la propagación pandémica del virus SARS-CoV-2 que causa la Covid-19. Por consiguiente, debe considerarse que, en este caso, pueden utilizarse todas las vacunas reconocidas como clínicamente seguras y eficaces con conciencia cierta que el recurso a tales vacunas no significa una cooperación formal con el aborto del que se obtuvieron las células con las que las vacunas han sido producidas. Sin embargo, se debe subrayar que el uso moralmente lícito de este tipo de vacunas, debido a las condiciones especiales que lo posibilitan, no puede constituir en sí mismo una legitimación, ni siquiera indirecta, de la práctica del aborto, y presupone la oposición a esta práctica por parte de quienes recurren a estas vacunas”.

De hecho, “el uso lícito de la vacuna contra el Covid-19 no implica ni debe implicar en modo alguno la aprobación moral del uso de líneas celulares procedentes de fetos abortados”. Por lo tanto, “se pide tanto a las empresas farmacéuticas como a los organismos sanitarios gubernamentales, que produzcan, aprueben, distribuyan y ofrezcan vacunas éticamente aceptables que no creen problemas de conciencia, ni al personal sanitario ni a los propios vacunados”.

Finalmente, Landaria recuerda sobre la vacuna contra el Covid-19 que “existe también un imperativo moral para la industria farmacéutica, los gobiernos y las organizaciones internacionales, garantizar que las vacunas, eficaces y seguras desde el punto de vista sanitario, y éticamente aceptables, sean también accesibles a los países más pobres y sin un coste excesivo para ellos. La falta de acceso a las vacunas se convertiría, de algún modo, en otra forma de discriminación e injusticia que condenaría a los países pobres a seguir viviendo en la indigencia sanitaria, económica y social”.

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