León XIV reza ante la Moreneta y convierte Montserrat en el corazón mariano de su visita a Barcelona

Iglesia

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El Papa León XIV ha subido este miércoles a Montserrat y ha presidido uno de los momentos más hondos y simbólicos de su visita apostólica a Cataluña: el rezo del Santo Rosario, seguido del canto de la Salve y el Virolai, ante la imagen de la Virgen de Montserrat, la querida Moreneta, patrona de las diócesis catalanas.

Dentro del viaje apostólico que le ha llevado a Madrid, Barcelona y Canarias del 6 al 12 de junio, Montserrat ha ocupado un lugar singular: es el único santuario mariano al que León XIV acudirá durante su estancia en España.

La visita ha llegado, además, en un momento especialmente significativo para la Abadía de Santa María de Montserrat, que acaba de celebrar sus mil años de vida monástica ininterrumpida. El milenario ha movilizado a la sociedad catalana con más de 1.235 actividades y una participación directa de 620.000 personas, según el dossier de prensa de la abadía.

La presencia del Papa ha puesto así el broche espiritual a una conmemoración que ha unido fe, cultura, historia y memoria compartida.

León XIV desde el Mirador de los Apóstoles se ha dirigido hacia la entrada de la abadía y, poco después, ha alcanzado la Plaza de Santa María, donde ha saludado a los fieles congregados.

En la puerta de la Basílica ha sido recibido por el abad de Montserrat, el padre Manel Gasch i Hurios. Allí ha saludado también a jóvenes de escuelas cristianas reunidos en el atrio, ha besado la Veracruz, ha realizado el rito del lavado de manos y la aspersión, y ha entrado después en la basílica para dirigirse primero a la capilla del Santísimo.

La oración ha comenzado con una breve salutación del obispo de Sant Feliu y unas palabras del abad. Después, el Papa ha presidido el Santo Rosario, una oración que en Montserrat tiene un eco especialmente profundo. No es casualidad que haya sido precisamente el Rosario el centro de esta visita: se trata de una plegaria que contempla la vida de Cristo con los ojos de María, y que el propio León XIV definió recientemente, en Pompeya, como “un compendio del Evangelio”.

Al celebrarse en miércoles, el rezo ha estado marcado por los misterios gloriosos, centrados en la Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte, el don del Espíritu Santo y la esperanza de la vida eterna.

Tras el Rosario, la Salve Regina “de ecos”, del padre Joan Cererols, y el Virolai, con letra de Jacint Verdaguer y música de Josep Rodoreda.

La Escolanía de Montserrat, una de las instituciones musicales más antiguas de Europa, ha puesto voz a la solemnidad de la jornada.

Después, León XIV ha venerado la imagen de la Mare de Déu de Montserrat, una talla románica del siglo XII conocida popularmente como la Moreneta por el color oscuro de su rostro y de sus manos.

La tradición sitúa su hallazgo por unos pastores en el año 880, en una cueva de la montaña. La imagen muestra a María con el Niño Jesús en su regazo: la Virgen sostiene una esfera, símbolo de la creación, mientras Cristo bendice y porta una piña, signo de fecundidad y vida eterna. En esa escena sencilla está resumida toda la teología mariana: María no se queda nada para sí; siempre presenta a su Hijo.

La presencia de León XIV en Montserrat ha tenido también una resonancia biográfica. Durante su etapa misionera en Trujillo, al norte de Perú, el entonces Robert Prevost impulsó la construcción del templo de la Mare de Déu de Montserrat, donde ejerció como administrador y párroco. Como agustino y antiguo superior general de la orden, el Papa mantiene además una especial sintonía con la vida comunitaria y monástica.

La visita no ha sido, por tanto, solo institucional: tenía algo de regreso interior, de memoria agradecida, de hilo providencial que une Perú, Roma y Cataluña.

León XIV se ha convertido así en el segundo Pontífice que visita oficialmente la Abadía de Montserrat. El precedente fue san Juan Pablo II, el 7 de noviembre de 1982, en una jornada marcada por la lluvia y el fuerte viento. Aquel día, el Papa polaco definió Montserrat como “santuario de la fe”, espacio de reconciliación y faro de la cultura cristiana de Occidente. Hoy, la montaña ha vuelto a recibir al sucesor de Pedro, no como un museo de glorias pasadas, sino como un lugar vivo donde la fe sigue respirando.

La jornada ha concluido con la bendición del Papa desde el balcón de la Plaza de Santa María a los fieles reunidos. Después, León XIV ha iniciado una visita privada al monasterio con la comunidad benedictina y los escolanes. Atrás quedaba el acto público; dentro, comenzaba el encuentro más silencioso, quizá el más benedictino de todos.

Montserrat ha vuelto a hacer lo que lleva haciendo mil años: acoger, rezar, cantar y señalar a Cristo desde los brazos de María. Y León XIV, al pie de la Moreneta, ha dejado una imagen bellísima para esta visita a Barcelona.

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