Te lo prometí. No me ha sido fácil logísticamente, pero aquí me tienes, hermano, mi hermana del alma, dispuesto a seguir abriendo diálogo contigo a fin de conseguir entender un poco más lo que nos está pasando en nuestro mundo, que de tan pequeñito que se nos está quedando, entre nosotros los hay que se agitan alborotados por su ego y el de sus congéneres, al sentir que entre la masa no se encuentran ni se reconocen (ni consigo mismos, ni con sus hermanos). Evidentemente, es falta de identidad, pero lejos de reconocer su culpa en su mal, la achacan a los que (aun a riesgo de ser por aquellos acosados), por vocación y ejemplaridad demuestran tenerla.
¡Avancemos! Decididos y valientes, una vez centrados en nuestra misión, entremos rápido en cuestión, que hoy tenemos mucho que encajar. Supongo que vienes a buscar las notas que te anuncié en el artículo anterior, y aquí te las detallo:
NOTA 1: SOBRE PAGAR O NO PAGAR
A ver, hermano, mi hermana del alma. Yo no soy millonario. Pero aunque lo fuera, no considero que debamos ir chupando la sangre a quien tenemos al lado que vemos que quiere y nos pide lo que podemos darle (incluso sin darle). Solo pido justicia.
Es cierto que existen editoriales que son exclusivamente de pago, pero “la mía” o la que fue “mía” (como lo demuestra que me editaron e iban a reeditarme sin pagar) no lo es del todo, y aun así, el precio que se embuchan es para pegarse ellos una vida a todo tren y a mí dejarme plantado en la estación.
Ahondemos. No me quejo solo de la indecencia de tener que pagar por hablar, sino sobre todo de que la mayoría de las editoriales (¡también algunas famosas todopoderosas y hasta algunas católicas!) publican cantidades ingentes de trastos menores y dejan en la estacada al que les llega con un discurso nuevo y estimulante. (He sabido que somos bastantes, aunque, como en todo, los habrá más y menos brillantes).
Los que se hacen pagar se aprovechan de tantos aspirantes que hay a comprar su fama a costa de su “hijo único”, nacido tras un rapto de inspiración y que les hace sentir una vida en el “más allá”, que no quieren perder. –Seamos honestos. Aunque así fuera, sería indecente aprovecharse–.
NOTA 2: SOBRE LA FALTA DE TRANSPARENCIA
En general, las editoriales esconden intencionalmente y de manera transversal los nombres de sus gestores y sus ideologías, en especial de quienes deciden… pero quieren saberlo (¡te lo exigen!) todo de ti. ¿No te parece un insulto? Incluso las hay en las que es obvio que mezclan la política con la religión, que es una prostitución de ambas (también con un orgulloso estriptis incluido de la propia editorial); y cuando les cuestionas por su neutralidad en la promoción de tu manuscrito caso de confiarles, te envían a freír monas. –¡Sí, sí, te lo dije ya: te cuelgan el teléfono, y santas pascuas!–.
NOTA 3: SOBRE LA “SATURACIÓN”
Esta nota va muy relacionada con la anterior. Si te repiquetean por los cuatro costados con que reciben cientos de manuscritos a la semana y que por eso no pueden atenderte como se debe, ¿cómo es que publican obras que no entran en el circuito web / dirección postal → secretaria → lector / corrector → comité → editor 1 → editora 2 (…y así hasta nunca acabar, o directo a la basura), sino que los que tienen poder fuera de la editorial les enchufan al villano de turno, “porque lo digo yo”? –¿Quieres que te diga por qué? Porque les mantienen su cara bonita–.
Como se le escapó descaradamente al pardillo pajarel con el que nos reímos en el artículo anterior, es costumbre trillada que los editores se muevan entre bastidores colando amiguetes para promocionarse entre sí (ni más ni menos, lo que estamos adoptando en nuestra sociedad, por lo cual nos parece lo más normal del mundo que mande el que tiene dinero y tiene poder. ¿No sería más enriquecedor para todos –y más sabio, ético y honesto– que mandara el que tiene el saber… si bebe del Bien, lo Bello y la Verdad, que habitualmente, hoy, no tiene el mandamás?).
NOTA 4: SOBRE LA CONTEMPORIZACIÓN
En una ocasión por mí tristemente recordada, un nada inocente imberbe que he forjado gratia et amore sin rédito ni beneficio y que encima me ha plagiado (porque es astuto, pero no inteligente), ante lo que le parecía amenazante de mis artículos a su inestable pero pretendida y orgullosa estabilidad vital, me amenazaba moviendo alusivamente la cabeza como mostrándome sus cuernos (dicen que los Aries tienen esa debilidad que les hace sentirse los amos en su propio abismo). Era –como es su costumbre– un aviso para que yo procurara no ser demasiado explícito con él y su dominio de papel mojado (pero un día Dios se encargará de serlo, si el pollo no cambia su plumaje).
Pues eso –como le ocurrió conmigo al imberbe– es lo que temen muchas editoriales, también algunas de las católicas: el “qué dirán”. –Si Jesús hubiera sido así, no estaríamos nosotros discutiendo esto: el mundo hubiera desaparecido del mapa ya–.
NOTA 5: SOBRE EL ROBO INTELECTUAL
El plagio está hoy cantado con triunfal música de fondo, pues el caviar es servido en bandeja de plata a una plebe que solo se pretende adoctrinar, con ideología y hasta repugnante basura, anunciada a bombo y platillo como “intelectual”.
¡No es broma! Hay editores, correctores, lectores y una pléyade de farolillos a quienes los primeros encargan la valoración de textos que ninguno de ellos puede atender honestamente en su totalidad (dada la riada de manuscritos que bombardea a las editoriales a la zaga de alcanzar renombre interestelar), que deambulan entre letras que no saben ni leer ni apreciar. Van errantes en un viaje a ninguna parte, más perdidos que con ganas de trabajar, y son revelados al ojo avizor tan incapaces de concebir como de respetar y aceptar la originalidad, tanto, que por ahí unos y otros (quieras que no) te chorizan ideas, estilos, giros, vocabulario… y mil y una filigranas de las maneras de tratar y las maneras de exponer que a ti, escritor, te ha costado toda una vida parir y desarrollar.
“¡Piedad, viene la marabunta!”. Sí. Con toda la naturalidad del mundo del que por no saber vivir vive del cuento, luego atribuyen esos oropeles (con pomposidad y alevosía) a los autores de sus editoriales (promocionándolos a golpe de talón), para que los defiendan como de su genio y figura… sin siquiera citarte ni referirte a ti.
Eso, dejando a un lado que muchos de esos lectores y farolillos en los que delegan los editores (y algunos editores también) no son mucho más (si es que llegan a tal sustantivo) que escritores frustrados en busca de sangre que chupar (¡para sobrevivir!), y que ellos mismos transfunden y contaminan en textos de su muy dudosa originalidad… aunque dejen muerto y sin enterrar a su estupefacto rechupado.
–Insistamos. No es lo habitual, pero un autor curtido a vueltas lo sabe identificar a la legua, hasta el punto de que el pobre desheredado ya no sabe qué puede y qué no puede mostrar al editor que todo le puede dar… y acaba por nada le dar–.
NOTA 6: SOBRE LA FAMA
Ciertamente, aún me sorprende el éxito fulgurante de un vídeo de reflexión del cantante Joan Manuel Serrat sobre la aceptación o no de las personas mayores como él (que tiene ochenta y dos años) que publiqué hace poco en mi Twitter (actual X). Es una gran reflexión (por eso lo publiqué). Pero me parece triste que, de entrada muy rápido y ya en escasas doce horas, multiplicara por tres (y aún sigue multiplicando, con “me gustas” incluidos, tras tres semanas) lo que mi artículo, publicado dieciséis días antes, había conseguido hasta ese momento, y aún a esta hora en que te escribo esto me avanza muy ralentizado, mientras él suma ya casi 1.500 visitas. Y eso, sin que nadie supiera de qué iba el vídeo, porque yo, ante la cara de Joan Manuel, no lo introducía más que diciendo “un mensaje para la memoria”, mientras que mi artículo sí dejaba claro el contenido en mi título y descripción.
¿Y pues? ¿Qué estaba sucediendo? Mis seguidores y visualizadores se iban hacia Joan Manuel, solo porque Joan Manuel es famoso y yo soy un perfecto desconocido. Habrá que hacérselo mirar. La que queda clara es la potencia de los medios de comunicación para destacar unas cosas sobre otras sin ningún criterio más que la “fama”, que en el caso del vídeo de Joan Manuel no lucía el motivo de la fama de su autor (la canción), y mi artículo sí se abría paso entre mis seguidores habituales (y por ello me van a buscar) con mi pobre fama de autor en busca de editor, y me tienen aquí, en esta plaza, semana tras semana.
Por tanto, estaba brillando entre mis seguidores y visualizadores (que saben perfectamente qué pienso y creo, sin esconder más que mi ropa interior), un pensamiento meramente humano de inclusión de una parte (importante) de la sociedad, por encima de un pensamiento ético-humano que conceptualmente, por su fuerza y entidad, lo engloba todo y nos afecta a todos. No debemos olvidar que, además –en esencia–, mi artículo en cuestión defiende la aceptación de la Verdad en sí misma, que es precisamente lo que puede determinar y determina el cómo concebimos en substancia la humanidad en su concepción más global (lo cual incluye y determina, en consecuencia y en esencia, el mero deber de inclusión de la gente mayor –relegado ya a un nivel menor y subordinado–, por otro lado muy bien explicitado por Joan Manuel).
Ya lo sabemos: hoy nos interesa más saber “seguro, seguro” (¡qué resplandor!) de qué color lleva los calzoncillos el futbolista del escándalo aquel, que si el mundo se acaba mañana sin que nos lo acabemos de creer. Ahí queda bien patente la importancia que tiene el que te publique una editorial u otra para que puedas llegar a lanzar y promocionar tu mensaje. Y ello exhala el grito de quién decide en la actualidad qué se puede decir y qué no… y con qué garantía de licitud (¡y no es “la Iglesia”, que abraza y siempre abrazó –con sus defectos y sus miserias, pero también con sus virtudes– la Verdad que anunció nuestro Salvador!).
EL RESUMEN DE HOY
En resumen: o los que defendemos la Verdad nos apoyamos sin intereses de parte, como no supo hacer la editora de la que me quejé en mi artículo anterior y primero de esta serie (aduciendo burleta que mi libro ejemplar “no iba con su esencia”, cuando si los dos somos católicos, nuestra esencia debería ser la misma), o la Verdad (como estamos viendo) se diluirá. –Es todo por hoy–.
(Continuará…).
Twitter: @jordimariada
¿Qué ocurre tras las puertas de una editorial? Pago por publicar, falta de transparencia, saturación, favoritismos, plagio y el peso de la fama. Una mirada crítica desde la experiencia del autor Compartir en X








