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En cuanto el tiempo pasa

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El tiempo pasa, y tú te lo miras. Te dejas arrastrar por el ambiente, por lo que “se dice”, lo que “se hace”… ¡lo que te place! ¿Te has planteado que quizás llegues tarde? Fíjate. Humoristas que no tienen ni humor ni nada que no sea chabacanería y que solo escucharlos unos segundos ya te pone los pelos de punta, no sabes si triste por cómo va el mundo, o de mala leche por las ofensas que te hacen a la inocencia y al sano juicio, e incluso a tu religión. Van de modelnos, y son peleles movidos por teorías y leyendas que quieren arrasar con todo lo que la tradición ha demostrado que funciona.

Entiéndeme bien. Una cosa es ser moderno y otra insultante; una, disruptivo, y otra, demoledor. ¿Observas la diferencia? ¡Como un higo a una casa! El higo se seca, la casa se edifica. El higo se pudre, la casa resguarda. Hoy necesitamos más casas y menos higos. Hay multitudes que esperan tu acogida en tu casa, mientras gentes podridas como higos lo que hacen es contagiarte la putrefacción de sus excrementos ininteligibles al despreciarte, incluso matarte la fama o la vida. ¡Pobres gentes! ¿Qué menos podríamos esperar de un mundo basado sobre la mentira y el egocentrismo? La vida puede vivirse desde el vómito o desde el ser que construye rascacielos. Porque lo moderno no tiene por qué estar en contra de lo que funciona.

Aprovechar el tiempo

Compréndeme, hermano, mi hermana del alma. Estoy perplejo a capazos, y no hay para menos. Hoy, se extiende la agerasia, esa nueva etapa de la vida en que la fuerza se mantiene con cierta sorpresa y benevolencia por todas las partes, contradiciendo incluso las teorías más avanzadas de los expertos. Pero esta agerasia, esa sorpresa, ese regalo de Dios no es bien recibido por los envidiosos de turno que no buscan ni desean de la vida más que demolición de todo aquello que brilla más que su nariz. No ven más allá del ombligo alrededor del que gira su vida insulsa y desprovista de todo aliciente de humanidad contrastable con la belleza de la Creación, que, a modo de las especias a un guiso, dé sabor a su vida fofa y ñoña, en la cual solo dan cabida a su barriga y a los que en ella se quieran rebañar. ¿Por qué no se dedicarán a tratar de especiarse, en lugar de quemar el guiso ajeno? Vaciedad. Excreción. ¡Y luego, se quejan de sus pútridas evanescencias!

No te dejes desorientar. Tú, a lo tuyo. Crécete ante tus enemigos oponentes, ofrece bien por mal, evitando en toda ocasión al demoledor que −con la excusa del “bien mayor” y de “la buena intención”− agua toda ocasión que parecía bella y rica como una Navidad en familia, para destrozar todo vestigio de bien y belleza que le ciegan el entendimiento con su propia nariz. Tú no seas así. Ignora al que te ignora, abrázate al que te abraza, ama y déjate amar, vive y deja vivir: no quieras responsabilizarte de los otros más allá de tu testimonio; cada uno es responsable de su vida, y de ella deberá un día rendir cuentas.

¡No te dejes engañar por los secuaces del diablo! ¡El fin nunca justifica los medios! Si así fuera, todos seríamos medios por donde todo transitaría hasta el absurdo, pero la vida demuestra que somos fines en los cuales solo Dios cabe y da sentido al medio en caso de tener sentido, porque Dios, con el fin de salvar su fin al crearnos, nos ha saldado con Jesús, que es el Fin de los fines, esa vida que tú escribes o emborronas. Pues, en cuanto el tiempo pasa, te das cuenta de que todo es humo, todo pasa, nada queda: el tiempo también; solo Dios permanece, inmutable y permanente. Él es el Fin de la Historia, y el ser humano es fin en Dios.

El Bien y la virtud

Déjate, hermano, mi hermana del alma, de querer ofrecer salchichas y más salchichas de baja calidad a precio de saldo; con malos ingredientes, por más salchichas que hagas, seguirán siendo de baja calidad. Por el contrario, esmérate en engalanar obras de arte, una a una, labradas con esmero y precisión de orfebre, tratando de multiplicar en el mundo el bien y la belleza que aún se descubre cuando abres los ojos al amor y te cierras en banda a la maldad que campa a sus anchas por la estepa desértica en la que demasiados seres humanos gustan hoy arremolinarse entre ellos a modo orgiástico, para sentir así, a lo bruto, la bestialidad de la naturaleza humana cuando se abandona a sus caprichos y veleidades.

¿Coges el hilo? O tiendes al Fin que solo Jesús te ofrece, o al Fin del diablo, que lo es en cuanto Dios es Dios de vivos y muertos. Ahí no hay grises, no hay término medio. O Día o Noche. O el Bien, o el Mal. No esperes más, que quizás llegues tarde. Elige el Bien, y con Él, abrázate a la Verdad, y la Verdad hará en ti eterna morada. Al contrario, si te agarras a la Mentira, con ella morirás. Ese será tu Fin… y el principio de tu noche eterna. Ahí sí serás el medio.

Twitter: @jordimariada

Ignora al que te ignora, abrázate al que te abraza, ama y déjate amar, vive y deja vivir: no quieras responsabilizarte de los otros más allá de tu testimonio; cada uno es responsable de su vida, y de ella deberá un día rendir cuentas Clic para tuitear

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