Recepción y acogida
Ya ves. Aquí sigo, hermano, mi hermana del alma, abriendo comunicación contigo por un canal nada convencional y, sobre todo, arriesgado y poco gratificado, como no sea el tratar de buscar entre nosotros (que somos una buena peña) el camino por donde podamos transitar con libertad y entusiasmo. ¿Para qué? Con el fin de la vida misma: el de desarrollar nuestras capacidades humanas (sobrehumanas ya, según nuestros tiempos), para poder llegar —un día, orgullosos y satisfechos— a cantar nuestra mejor canción: “¡Hasta aquí he llegado; lo que he podido, lo he dado!”.
Así que, con ánimo renovado, sigamos analizando el pastel, que, como estamos viendo, contiene numerosos ingredientes capaces de generar toxicidad, pero que entre todos —en diálogo abierto y con un buen masticar— debemos purificar para una buena digestión… y en ello, a base de pulir nuestras aristas, nos ayudarán aquellos que se nos oponen. —¿Te sentó bien tu infusión?—.
No es fácil lo que te digo, pues los hay que no te quieren ahí. Como aquella socia fundadora de una empresa de cosmética puntera, que, ante mi petición de una Conclusión para mi libro Les Decapíndoles de la Comunicació Disruptiva (DCD), que por entonces tenía en vías de publicación, me lanzó: “Estoy dando vueltas a tu libro, donde la practicidad y la curiosidad te hacen seguir hasta el final. Es digno de una persona muy interesante y meticulosa, pero pienso todo lo contrario que tú, y no quiero participar en él”.
“¡Dilo en un escrito, y ahí hablamos del porqué y el por qué no!” —la reté—. “¡NO!”, repuso ella, implacable. Yo insistí: “¡Pues limítate a una frase de presentación en la portada, donde me presentáis algunos famosos”. “¡¡NO!!”, se opuso con rotundidad. ¿Lo ves? ¡Una libertina! “¡Libre yo, atados los demás!” —gritaba su silencio—. ¡Quería borrarme del mapa! ¡Me impedía pensar! ¡No me dejaba vivir!
Bueno, “¿Qué hay de las prometidas Notas?”, me dirás. Pues aquí las tienes, amigo, amiga mía. ¡Continuemos!
NOTA 10: SOBRE LA CRISIS EDITORIAL
La crisis editorial es la crisis de la cultura, y la crisis de la cultura es la crisis de la Humanidad. Dicen que el sector del libro se está empobreciendo. —¿No será que los pobres somos nosotros?—.
Si las editoriales (las buenas) fomentan la cultura y la cultura fomenta la humanidad, ¿no podríamos subvencionar a las editoriales más allá de partidismos y “líneas” —editoriales… y personales—? Claro que es cierto que las editoriales sufren el revés de la crisis, sobre todo porque nuestra crisis es básicamente cultural, crisis de la cultura, crisis de humanidad, crisis de religión, vividas todas sin verdad. …¡Si ya no sabemos ni qué era la Verdad! —“¿Existe hoy?”—. En consecuencia, deberíamos buscar la solución no solo en subvenciones, sino sobre todo en volver a redescubrir —ese es el sentido de la vida: buscar— nuestra esencia, aquello que nos hace humanos y nos distingue de las bestias que solo buscan dormir, comer y cardar.
Todos estos tips que te doy, todo lo que me gustaría hacerte pensar, hermano, mi hermana del alma, es para que renazca en nosotros la pasión por la Verdad: la vida que Dios nos regaló en prenda; vivir para amar; amar para crecer; crecer para, entre todos, ganarnos la Eternidad que —un día— nos unirá como Familia, en el Seno de Dios. Ahí viviremos todo cuanto hayamos soñado, amado y luchado, en la medida de nuestra caridad, de nuestra justicia y de nuestra lucha por vivir la Verdad. No por haber sido perfectos (imposible siempre e imposible ya).
Ten muy presente que, si no vives bien, ahora, en este tiempo de regalo, todas estas cosas que ahora debes administrar (Mt 25,14-30; 18,23-35; Lc 12,41-48; 16,1-12), un día, al otro lado del velo que nos cubre la realidad, serás “arrojado al Infierno, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga” (Mc 9,47-48). ¡Se habrá acabado tu libertad! —y sufrirás según no hayas vivido la Verdad, no según tu media verdad—.
Matices
Hay editoriales —sean del color que sean— que viven de tres o cuatro autores que les mantienen el tipo… y el resto es papelorio que las hace parecer de mofletes rosados y regordetas, pero cual boca desdentada, que ni mastica ni deja de masticar. Mírala, no es oro todo lo que reluce, esa panza que luce es de grasa visceral. Y la grasa visceral provoca cáncer, así que será cuestión de que se lo hagan mirar. —¿No será que es de ahí de donde les viene, a tantas editoriales, la metástasis que las amenaza?—.
Lo apuntábamos en la Nota 7, Capítulo III: faltan nuevas voces, falta arriesgar; sobran mediocridad y “línea editorial”. Posicionando la editorial con una apuesta por innovar —lo cual no se contradice con el “como queremos que sea”, sino que lo modela, conformando oferta y demanda—, podremos elegir quién queremos que nos lea, y no vegetar con el tan cacareado lema “por los lectores que tenemos”. Como vimos ya en la Nota 1, Capítulo II, hay editores que, por defender su pequeño reino o gran imperio, van a te disparar.
Solo abriendo camino en las editoriales cumpliremos con los autores, los accionistas y la sociedad abriéndonos al mundo, y no esperando que el mundo se abra a nosotros. Solo así las subvenciones darán el fruto que cabe esperar, y nuestra labor se convertirá en misión (labor proactiva) en lugar de reacción (la muerte anticipada); si no, la metástasis será (aún) más social: el pez que se morderá la cola. Como afirma el filósofo José Antonio Marina: “En un entorno tonto, es muy difícil ser inteligente”.
Luz al final del túnel
Así pues, y en base a todo cuanto llevo analizado y expresado en toda esta serie, achaco la crisis de las editoriales a su sensibilidad de caracol: que al mínimo chischís, recoge sus antenas y se recluye en la cáscara que –según él— le dará la protección. Pero los que saben de la vida y conocen el proceder del caracol, cuando les da por perpetrar su fechoría, aplastan la cáscara, ¡y adiós caracol! ¿No sería mejor plantar cara al Mal (origen de nuestra crisis de identidad), e ir en busca de la Verdad? Te remito a mis Notas ya promulgadas (en especial las Notas 3 y 4, Capítulo II, por si lo quieres pensar).
Con todo, no debemos pasar por alto el reconocer el esfuerzo titánico que están realizando algunas editoriales cuyos responsables sí merecen llevar el nombre de “editor” y la etiqueta de “cultura”, incluso de religión. En un mundo dominado por la inmediatez del éxito o fracaso del mensaje —que tantas veces resulta de folletín—, es de alabar la dignidad que muestran aquellas en ser fieles a su misión: la misión de servir, de proponer, de iluminar, de comunicar atisbos de vida, de aquella luz astral que en otro tiempo —dicen, y el legado que nos dejaron lo confirma— brilló con luz propia (tomada del Creador) y que hoy parece palidecer en nuestra sociedad del “bienestar”. —¿De verdad vivimos mejor?—.
EL RESUMEN DE HOY
Va, me dicen que quizás hacemos tertulias largas. Alargaremos la serie de ocho a diez capítulos, y quizás te sentirás mejor… y en paz. ¿Qué te parece si lo dejamos aquí, y esta semana te dedicas a pensar por dónde vas a tirar en tu vida (o en tu editorial), y nos vemos el viernes que viene?
Recuerda: Lo que sembremos hoy lo cosecharemos mañana —y lo será en la medida del amor con que hayamos sembrado—. ¡A sembrar!
(Continuará…).
Tras las editoriales: señores que no son señores (V)
Twitter: @jordimariada
¿Y si la crisis editorial no fuera solo económica? Quizá también sea una crisis de ideas, de audacia y de humanidad. Sobran inercias y falta riesgo. Compartir en X








