La Editorial Y Griega publicó en 2021 un libro con un título tan sencillo como decisivo: Tres encíclicas: Rerum Novarum, Quadragesimo anno, Centesimus annus. León XIII, Pío XI, Juan Pablo II. Su lectura resulta esencial para quien desee adentrarse con rigor en la Doctrina Social de la Iglesia.
Las tres encíclicas forman una secuencia histórica y doctrinal. Rerum Novarum fue publicada por León XIII en 1891; cuarenta años después, en 1931, Pío XI publicó Quadragesimo Anno; y, al cumplirse el centenario, Juan Pablo II escribió Centesimus Annus en 1991. El volumen reúne los tres textos y permite leerlos no como documentos aislados, sino como una conversación viva de la Iglesia con la historia.
La Doctrina Social de la Iglesia no es una ideología, sino la respuesta del Evangelio a los problemas concretos de la sociedad moderna.
El lector deberá hacer después el esfuerzo de unir estas tres encíclicas con otros grandes documentos del Magisterio social, incluida la reciente Magnifica Humanitas, presentada hace pocas semanas por el papa León XIV. Porque la Doctrina Social de la Iglesia no se agota en tres textos, aunque estos tres sean una puerta magnífica para entrar en ella.
Estas encíclicas deben ser leídas porque ayudan a comprender la visión cristiana sobre la economía, la política y la sociedad. En ellas se proponen principios de justicia social, solidaridad y respeto a la dignidad humana que siguen siendo esenciales para construir un mundo más cristiano, más humano y más justo.
A estos documentos hay que sumar otros textos fundamentales del Magisterio social: Mater et Magistra y Pacem in Terris, de Juan XXIII; Populorum Progressio y Octogesima Adveniens, de Pablo VI; Laborem Exercens y Sollicitudo Rei Socialis, de Juan Pablo II; Caritas in Veritate, de Benedicto XVI; y Laudato Si’ y Fratelli Tutti, de Francisco. También conviene recordar Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, donde la Iglesia expresa su compromiso con los gozos, esperanzas, tristezas y angustias del mundo contemporáneo.
La economía debe estar al servicio de la persona, no la persona al servicio de la economía.
La Doctrina Social de la Iglesia aparece en encíclicas, constituciones, exhortaciones apostólicas, mensajes, discursos y homilías. No es sólo un conjunto de normas morales, económicas o políticas, sino una mirada cristiana sobre la realidad. Su centro es siempre el mismo: la dignidad de la persona humana, la justicia, la paz, el bien común y la defensa de los más vulnerables.
Rerum Novarum: la dignidad del trabajador
Rerum Novarum, de León XIII, aborda la difícil situación de los trabajadores durante la industrialización y denuncia las condiciones de explotación a las que muchos estaban sometidos. La encíclica afirma la dignidad de la persona y el valor del trabajo humano, al tiempo que defiende la propiedad privada como un derecho natural.
León XIII rechaza las propuestas socialistas que pretendían abolir la propiedad privada, pero también critica los excesos de un capitalismo sin límites cuando perjudica a los trabajadores. La encíclica sostiene que los salarios deben ser justos y suficientes para garantizar una vida digna a las familias. Reconoce, además, el derecho de los trabajadores a organizarse en asociaciones y sindicatos, y defiende la intervención del Estado para proteger el bien común y a los sectores más vulnerables.
Rerum Novarum establece los grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia en materia de justicia laboral y dignidad del trabajador.
Frente a la lucha de clases, Rerum Novarum propone la cooperación entre trabajadores y empleadores. No niega los conflictos sociales, pero rechaza que la solución pase por enfrentar de manera irreconciliable a unos contra otros. La mirada cristiana no destruye el vínculo social: lo ordena hacia la justicia.
Quadragesimo Anno: subsidiariedad y bien común
Cuarenta años después, Pío XI publicó Quadragesimo Anno. La encíclica profundiza en la Doctrina Social de la Iglesia ante los cambios económicos y sociales de su tiempo. Denuncia la concentración excesiva de la riqueza y del poder económico en manos de unos pocos, así como las injusticias generadas tanto por el capitalismo descontrolado como por el socialismo.
Pío XI defiende la dignidad de la persona, el derecho de propiedad privada subordinado al bien común y la necesidad de garantizar salarios justos y condiciones laborales dignas. También promueve la colaboración entre las distintas clases sociales y rechaza la lucha de clases como camino para resolver los conflictos.
Uno de sus grandes aportes es la formulación del principio de subsidiariedad. Según este principio, las instancias superiores no deben absorber las funciones que pueden realizar adecuadamente las inferiores. Es decir, el Estado no debe sustituir la iniciativa de las personas, las familias, las asociaciones y los cuerpos intermedios, salvo cuando sea necesario para proteger el bien común.
La subsidiariedad recuerda que una sociedad sana no se construye desde el aplastamiento de la iniciativa social, sino desde su fortalecimiento.
Quadragesimo Anno propone una reorganización del orden social basada en la justicia, la solidaridad y la cooperación. Su objetivo no es sólo corregir abusos, sino construir una sociedad más equilibrada y orientada al bien común.
Centesimus Annus: libertad, mercado y responsabilidad moral
Con motivo del centenario de Rerum Novarum, Juan Pablo II publicó en 1991 Centesimus Annus. La encíclica reflexiona sobre los grandes cambios políticos, económicos y sociales del siglo XX, especialmente tras la caída de los regímenes comunistas en Europa del Este, realidad que el papa polaco conocía de primera mano.
En ella se reafirma la dignidad de la persona humana como fundamento de toda organización social y económica. Juan Pablo II reconoce el valor de la libertad, la iniciativa privada y la economía de mercado cuando están orientadas al bien común. Pero critica tanto el colectivismo socialista como aquellas formas de capitalismo que ignoran las exigencias de la justicia social.
La encíclica subraya la importancia del trabajo humano, la solidaridad y la responsabilidad de todos los actores sociales en la construcción de una sociedad más justa. También destaca el papel del Estado en la protección de los derechos fundamentales, sin sustituir la iniciativa de las personas y de los grupos intermedios.
Juan Pablo II no rechaza la libertad económica, pero recuerda que ninguna libertad es verdaderamente humana si se separa de la verdad, la justicia y la responsabilidad moral.
No puede ignorarse que, en el contexto de esta encíclica y durante gran parte del pontificado de Juan Pablo II, existía un fuerte conflicto con algunas corrientes de la Teología de la Liberación. Esta corriente, surgida en América Latina en el siglo XX, puso el acento en la opción preferencial por los pobres y en el compromiso contra la injusticia, la pobreza y la opresión social.
Juan Pablo II no rechazó toda la Teología de la Liberación, pero sí se opuso a aquellas corrientes que, bajo influencia marxista, reducían el mensaje cristiano a una ideología política. Para el Papa, la fe cristiana exige compromiso con los pobres y con la justicia, pero nunca puede quedar subordinada a una lectura puramente ideológica de la realidad.
Una enseñanza plenamente actual
Las encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno y Centesimus Annus están unidas por una preocupación común: la defensa de la dignidad de la persona humana frente a las injusticias económicas, sociales y políticas.
Las tres afirman que el trabajo posee un valor fundamental, que los trabajadores tienen derechos que deben ser respetados y que la economía debe estar al servicio de la persona y del bien común. Asimismo, rechazan tanto el capitalismo deshumanizado como las formas de colectivismo que limitan la libertad humana.
La Iglesia no propone una tercera ideología entre capitalismo y socialismo, sino una antropología cristiana capaz de juzgar moralmente ambos sistemas.
Estas encíclicas desarrollan progresivamente la Doctrina Social de la Iglesia, adaptando sus principios a los desafíos de cada época sin abandonar sus fundamentos esenciales. Su relevancia radica en que ofrecen criterios éticos para afrontar problemas que siguen vigentes: la desigualdad, la pobreza, las injusticias laborales, la concentración del poder económico, la exclusión social y el poder descontrolado del sistema financiero y de los mercados.
Por eso continúan siendo de plena actualidad. Y por eso deberían figurar entre las lecturas de cabecera de todos los católicos conscientes de su responsabilidad social a partir de su compromiso con la fe y el Evangelio.









