MARI CARMEN, VENTE PARA CEUTA

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España ha salido a la calle por el desahucio de una mujer de 87 años. Mientras tanto, dos meses después de una entrada masiva que un informe policial describe como planificada, miles de personas continúan en Ceuta y la ciudad sigue soportando las consecuencias. ¿Por qué unas causas movilizan inmediatamente a partidos, organizaciones y colectivos sociales mientras otras parecen desaparecer de la conversación pública?

España tiene una extraordinaria capacidad para movilizarse. Durante los últimos días lo hemos vuelto a comprobar.

El caso de Mari Carmen Abascal, una mujer de 87 años desahuciada de su vivienda, ha conseguido convertirse en símbolo de la crisis de la vivienda. Su situación ha provocado manifestaciones, declaraciones políticas, movilizaciones sociales y hasta medidas legislativas bautizadas popularmente con su nombre.

Ayer, decenas de miles de personas volvieron a manifestarse en Madrid por el derecho a la vivienda… es legítimo, por supuesto; una sociedad debe preocuparse por sus mayores, por quienes pierden su vivienda y por quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad. Pero precisamente por eso surge una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con Ceuta?

DOS MESES DESPUÉS

El pasado 30 de julio, Ceuta vivió un episodio extraordinario. Decenas de miles de personas cruzaron irregularmente la frontera desde Marruecos. Reuters cifró la entrada en unas 72.000 personas, mientras otras fuentes manejaron cifras de entre 70.000 y 90.000. Aquello no fue simplemente una jornada migratoria particularmente intensa.

Un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras aportado posteriormente a la Audiencia Nacional describe aquella entrada como «planificada» y «en ningún caso espontánea». El documento señala además entre sus organizadores o ejecutores a personas vinculadas con las fuerzas de seguridad marroquíes y habla de una actitud de «total permisividad» por parte de las autoridades del país vecino.

Son conclusiones de un informe policial sometidas ahora al correspondiente escrutinio judicial. Pero deberían ser suficientes para comprender la extraordinaria gravedad de lo sucedido ya que no estamos hablando únicamente de inmigración, sino de la frontera exterior de España y de la Unión Europea.

Ceuta lleva 2 meses sitiada desde dentro, pero la sociedad parece haberlo olvidado.

CEUTA SIGUE AHÍ

Han pasado dos meses y Ceuta no ha vuelto todavía mínimamente a la normalidad. A finales de septiembre se estimaba que permanecían aproximadamente 10.000 personas en la ciudad, muchas viviendo en condiciones extremadamente precarias, mientras las autoridades intentaban gestionar acogidas, retornos y expulsiones.

Hoy mismo, 4 de octubre, la Policía ha comenzado el desalojo del asentamiento de la playa de El Trampolín, donde se habían concentrado alrededor de 3.000 personas. Imaginemos por un momento lo que significa todo esto para una ciudad de poco más de 80.000 habitantes. No son solamente estadísticas.

Son colegios, playas, calles, comercios, fuerzas de seguridad, servicios sanitarios y familias intentando continuar con su vida cotidiana mientras su ciudad absorbe en pocas horas una presión demográfica extraordinaria. Y, sin embargo, ¿dónde están las grandes manifestaciones nacionales por Ceuta?

¿Y LAS MUJERES DE CEUTA?

Hay otro aspecto que debería haber provocado una especial preocupación y es que hasta mediados de Septiembre, la Fiscalía llegó a contabilizar 23 agresiones sexuales desde el comienzo de la crisis, nueve de ellas con víctimas menores de edad y cinco calificadas como violaciones; conviene ser escrupulosos con los datos.

No todas fueron cometidas por marroquíes. Entre los ocho presuntos autores identificados había cuatro ciudadanos marroquíes, tres españoles y un belga. Y muchas de las víctimas eran precisamente mujeres que habían llegado irregularmente a Ceuta. Eso hace el problema todavía más dramático, porque la dignidad de una mujer no depende de dónde haya nacido.

Una menor marroquí agredida sexualmente merece exactamente nuestra misma preocupación que una española. Precisamente por eso sorprende que un fenómeno de esta gravedad no haya provocado una movilización social comparable a la que producen otros acontecimientos. ¿Dónde estaban entonces quienes aseguran que ante la violencia sexual ninguna mujer puede quedar sola?

MARI CARMEN SE HA CONVERTIDO EN UN SÍMBOLO

Mari Carmen no tiene la culpa.

Conviene decirlo claramente.

Su caso se ha convertido en símbolo porque organizaciones sociales, medios de comunicación y partidos políticos han decidido convertirlo en símbolo de un problema real: el acceso a la vivienda.

Y tienen perfecto derecho a hacerlo.

La cuestión interesante es otra.

¿Quién decide qué sufrimiento merece convertirse en símbolo?

¿Por qué determinadas historias consiguen ocupar durante días portadas, tertulias, parlamentos y calles mientras otras desaparecen rápidamente?

¿Por qué somos capaces de movilizar decenas de miles de personas alrededor de un caso particular y tenemos tantas dificultades para mantener nuestra atención sobre una ciudad española sometida a una crisis fronteriza extraordinaria?

QUIZÁ MARI CARMEN TENGA QUE IR A CEUTA

La frase es deliberadamente provocadora, pero quizá explique perfectamente nuestra extraña jerarquía de indignaciones.

Mari Carmen, vente para Ceuta.

Quizá entonces vuelvan las cámaras, quizá regresen los políticos, quizá aparezcan pancartas, quizá descubramos que detrás de las cifras existen también personas… Mujeres, niños, policías, comerciantes, familias ceutíes… Y también migrantes que están viviendo situaciones de enorme vulnerabilidad.

Porque defender Ceuta no exige despreciar a quien llega desde Marruecos., antes bien, al contrario; Una política fronteriza seria debe hacer compatibles dos obligaciones: proteger la dignidad de toda persona y proteger la seguridad, las fronteras y la convivencia de la comunidad que la recibe.

LA SOLIDARIDAD NO PUEDE SER SELECTIVA

Desde una perspectiva cristiana, este punto resulta especialmente importante: El extranjero posee una dignidad inviolable, pero también la posee la familia que vive en Ceuta. La menor migrante agredida merece protección, pero también la merece la mujer ceutí que siente miedo. El joven que busca una vida mejor merece ser tratado como persona, pero una comunidad política tiene igualmente derecho a establecer fronteras, leyes y condiciones para la entrada en su territorio.

Caridad y orden no son enemigos. La Doctrina Social de la Iglesia nunca ha exigido elegir entre ambos.

¿QUÉ NOS PASA, ESPAÑA?

Quizá el verdadero problema no sea Mari Carmen… ni siquiera Ceuta. Quizá el problema sea nuestra extraordinaria facilidad para indignarnos por turnos. Una semana descubrimos una causa y llenamos las calles; dos semanas después aparece otra, y la anterior desaparece.

La política conoce perfectamente ese mecanismo, las redes sociales también (son de hecho, sus creadores formales, pues viven de eso, de consumir contenidos de manera continuada), pero una sociedad madura no puede construir su conciencia únicamente alrededor de aquello que cada mañana ocupa las tendencias.

Hace dos meses ocurrió algo excepcional en territorio español y la crisis todavía continúa. Las consecuencias todavía están ahí. Los ceutíes siguen ahí, y también siguen allí miles de seres humanos atrapados en una situación que jamás debería haberse producido. Por eso quizá la pregunta final no sea: «Mari Carmen, ¿te vienes para Ceuta?»

La pregunta debería dirigirse a todos nosotros:

España, ¿cuándo vas a volver a mirar hacia Ceuta?

Porque la solidaridad que solamente aparece cuando una causa ocupa las portadas no es verdadera solidaridad, y porque defender simultáneamente la dignidad de las personas, la seguridad de nuestras ciudades y la integridad de nuestras fronteras no debería ser patrimonio de la izquierda ni de la derecha.

Debería ser simplemente responsabilidad de una sociedad que todavía se toma en serio a sí misma.

Jucho & Dani

Asociación Cristianos en Democracia

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